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sábado, 15 de octubre de 2011

No se trata de ir por la vida con una sonrisa de oreja a oreja para demostrar que soy feliz. Se trata de reir sin darme cuenta, de soñar despierta y no acordarme después, de jugar con fuego, quemarme, y aun así reir, porque es lo único que puedo hacer, esa sonrisa que se convierte en carcajada en menos de un segundo, y que más tarde, llegará a formar parte de esos momentos irrepetibles que componen mi felicidad.

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