WELCOME

viernes, 28 de octubre de 2011

Nos quedamos parados, quietos, inmóviles. Simplemente sin hacer nada. Viajamos a otro mundo, un lugar lejos de la realidad, donde podemos pensar casi con claridad. Quizás cosas tan simples como contemplar un cariñoso beso entre una pareja de enamorados, escuchar la conversación de una madre con su hija pequeña, un bache en el bus o un tropiezo en la calle nos hacen quedarnos pensativos, absortos en nuestro propio mundo interior.

¿Y qué pensamos? A mí me da por viajar en el tiempo, plantarme en una situación ya vivida. Observarme desde la distancia, contemplar cómo dudo, cómo tengo miedo...cómo arriesgo. Y entonces tuerzo el gesto, hago una mueca de ligero dolor. Sé la decisión que ese "yo" del pasado tomó, y sé perfectamente las consecuencias que ello trajo consigo. No soy de las que desearían no haber vivido los momentos malos. Creo que esos momentos son los que hacen que crezcas, que aprendas, que seas más sabia y precavida...pero da igual, es como cuando ves un video repetidas veces de una caída en bicicleta, por ejemplo. Sabes que el chico no se hizo demasiado daño, pero sigues torciendo el gesto y murmurando un "ay..." antes de su golpe.

También me paro en ese momento, en ese lugar y en ese tiempo y me pregunto qué estaría haciendo ahora mismo, en este instante, si hubiera decidido otra cosa. Esa es otra de las razones por las que no me suelo arrepentir de lo hecho y de lo decidido. Una vez elegido el camino, solo te queda seguir adelante, hasta llegar a otra bifurcación, a otra decisión, a otra posible nueva ruta en tu vida.

No solamente viajo a momentos clave de mi pasado. A veces también me gusta transportarme, de alguna manera, a momentos felices, en los que me sentía la chica más afortunada, la más feliz. Me gusta observar mi sonrisa, llena de alegría, y cómo digo "te quiero" sin miedo a nada. Incluso desde la distancia, mi "yo" actual puede sentir de nuevo, como recordando, ese amor, esa felicidad. Normalmente siento un ligero cosquilleo, nada importante, un vago recuerdo y nada más...Pero hay otras situaciones. Otras en las que me es imposible no emocionarme. Tal era el amor por esa persona. Y tal fue la decepción que sentí posteriormente. Entonces despierto y vuelvo a la realidad, sacudo la cabeza y las lágrimas se evaporan, permitiéndome seguir viviendo mi presente.

Y veréis, yo tengo un ligero problema. Me cuesta desprenderme de las cosas, incluso de las más inútiles e innecesarias. A veces me veo indecisa contemplando una tarjeta "pocha" de un hotel al que fui hace años, o leyendo una carta de alguien a quien no veo desde hace mucho. En fin, soy así, quizás demasiado sentimental en la mayoría de los casos. Pero, a lo que iba, esto es aplicable a los recuerdos. Con más razón aún. Es horroroso. Igual alguien me ha decepcionado, no me ha llamado en semanas, me ha dado de lado y no se ha preocupado por mí cuando más lo necesitaba. Sin embargo, yo recuerdo. Y rememoro tiempos dulces, momentos agradables, divertidos, intensos. Y entonces llega. Me da pena. Mucha pena. Y comienzo a preguntarme cómo he acabado "así" si estaba "asao" hace relativamente poco tiempo. Y no, los recuerdos no son malos, pero a veces duelen... Bueno, supongo que cuando considero algo como mío, o al menos, cuando siento que algo en parte me pertenece, soy muy reacia a desprenderme de ello, a soltarlo, a dejarlo ir. Y, si no me queda más remedio, pues me quedo como una loba, lamiendo mis heridas, sola, y recordando. Y añorando lo perdido.

¿El resumen de todo esto? Ni idea, no recuerdo ni por dónde he empezado...Pero por aquí iré terminando. Estos últimos meses he tomando algunas decisiones. Algunas me han dolido, pero no me arrepiento. Otras las estoy tomando sobre la marcha, más o menos cada vez que veo algo que no me gusta, que no me parece justo, cuando algo me parece que no tendría por qué ser así. Y luego están las que me han costado, pero estoy orgullosa y llena de esperanza por haberlas tomado. Y sí, tengo miedo, o más bien algo de vértigo por mi atrevimiento. Pero me he dado cuenta de que sigo siendo la misma chica que cree que quien no arriesga, no gana. Me gusta creer, sé que hay que arriesgar y, por supuesto, me gusta ganar. Así que así seguiré manteniendo viva esa parte de mí, y seguiré arriesgando...

No hay comentarios:

Publicar un comentario