WELCOME

jueves, 13 de octubre de 2011


 -Ya no te quiero- dijo dándose la vuelta.
-Mentirosa... -respondió él muy seguro de sí mismo.
Ella notó esos ojos de cielo clavándose en su nuca, pero no quiso girarse, pues sabía que en el momento en que sus miradas se cruzasen, ella quedaría indefensa ante sus sentimientos.
Él se acercaba a ella, tocó sus brazos con la punta de sus dedos, enredó una mano en su melena, y con la otra ladeaba cuidadosamente su pelo, (como si sus cabellos fueran de cristal y en cualquier momento pudieran romperse), asaltó su cuello sin permiso y dejando un camino de besos, llegó hasta la oreja, donde volvió a susurrar -Mentirosa...
Ella se estremeció, cerró los ojos, apretó las manos y se mordió los labios. No solo lo quería, sino que hoy lo amaba más que nunca.
Él la miraba con deseo, cual león hambriento vigila su presa, y despacito se colocó frente a ella, (cara a cara).
Sus miradas se cruzaron y el corazón de ella se derretía a cada segundo...
Ahora había silencio, se miraban y conversaban sin palabras, y su único testigo era la cálida brisa de una tarde de verano.

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